Todo empezó en el año 2001. A comienzos de aquel año decidí volver a ir al gimnasio porque pasaba entre ocho y diez horas sentado al día en la oficina y quería mantenerme un poco en forma. Al poco tiempo, y sin saber cómo, comencé a sentir una pequeña sensación de calor en la zona interna de los muslos de ambas piernas al terminar la jornada laboral cada día.

Esa pequeña sensación de calor se fue transformado paulatinamente en dolor en la zona de la sínfisis del pubis. Al principio era más o menos llevadero, pero con el paso de los meses se iba haciendo cada vez menos soportable. La situación llegó a su punto álgido en el mes de julio de aquel año, cuando tuve que pedir la baja en el trabajo porque no podía estar sentado en el sillón de la oficina más de diez o quince minutos sin que el dolor apareciese. Tampoco podía caminar o permanecer de pié. Sólo se me calmaba el dolor estando tumbado.

Aquí inicié mi primer periplo por las consultas médicas. Varios traumatólogos y un internista, con quien finalmente decidí intervenirme a finales de aquél año sin llegar a tener un diagnóstico claro, pero como tenía una hernia inguinal, aproveché la ocasión para que me la redujesen y, de paso, explorar qué podría causarme ese dolor en la zona ya que en las pruebas radiográficas no se advertía problema alguno.

Me sorprendió que el cirujano me dijese que no encontró absolutamente nada en la zona, salvo la hernia. El caso es que tras aquella intervención en la que me redujeron la hernia inguinal todo pareció mejorar y volví a la vida normal hasta que llegó el mes de mayo del 2002. Por aquél entonces decidí hacer de nuevo deporte, pero prometí que no volvería a pisar ningún gimnasio y me puse a practicar ciclismo. A los pocos días volví a sentir las sensaciones de calor en el interior de los muslos y en la sínfisis del pubis. Eso derivó en lo que sospechaba: un progresivo empeoramiento de los mismos síntomas hasta que una nueva inmovilización me obligó a pedir otra baja.

De nuevo el periplo por consultas de distintos traumatólogos y tras cinco o seis meses de anti-inflamatorios que me destrozaron el estómago pude, no sé muy bien como, ir incorporándome progresivamente al trabajo y a la vida normal.

Abandoné toda práctica deportiva para evitar desencadenar el proceso otra vez, pero un buen día, tras subir una pendiente durante varios minutos, volví a sentir las mismas sensaciones. Nuevo periplo por traumatólogos, radiografías, resonancias magnéticas, gammagrafías… y nueva intervención en julio del 2004. Esta vez, herniorrafia bilateral y tenotomía de ambos aductores (la operación de osteopatía de pubis que es común entre los futbolistas). En esta ocasión, las sensaciones no fueron buenas ya desde el comienzo de la recuperación. Y de hecho, tardé varios meses en poder reincorporarme a la vida normal, y cuando lo hice, tuvo que ser también de forma progresiva y muy controlada.

Llevé una vida limitada durante varios años, evitando exponerme a ninguna de las situaciones que pensaba que me desencadenarían el proceso, hasta que en mayo de 2007, tras un viaje largo en el que me vi obligado a subir otra pendiente se me volvió a desencadenar. Nuevos traumatólogos, nuevas pruebas y nueva intervención en mayo de 2008. Esta vez un cerclaje de la zona frontal de la cadera en la zona de la sínfisis del pubis. La recuperación fue muy lenta, pero desde el primer día que salí del hospital me di cuenta que tenía el mismo problema al sentarme que antes de entrar al quirófano, más el añadido del cerclaje pélvico.

Pasaron bastantes meses hasta que pude hacer una vida normal, pero evitando en todo momento incurrir en cualquier situación que, por seguridad o por sospecha, pensaba que podría volver a desencadenar el proceso. No hacía ningún tipo de deporte y sólo caminaba por sitios llanos. Perdí peso y eso me ayudó a que las molestias (a estas alturas ya nunca dejaron de estar ahí) fuesen más llevaderas.

Pero en 2014, y ésta vez sin que aún sepa el motivo, se me volvió a desencadenar. Nuevo periplo médico hasta que dí con un reumatólogo que me insinuó que podría ser un problema neuropático. Acudí a la consulta de una neuróloga y me dijo que, aunque no sabía qué podría ser, sí podría darme tratamiento para tratar de paliar el dolor. Me prescribió un medicamento que se usa para tratar la epilepsia, junto con un antidepresivo ya casi en desuso pero que iba muy bien para los tratamientos contra el dolor. Desde entonces, tengo más calidad de vida y la tranquilidad emocional que me produce haber descubierto, después de tantos años, donde puede estar el problema.

He ahorrado, por lo prolijo que podría resultar, la descripción de las diferentes situaciones anímicas por las que imaginaréis que habré pasado durante todo el tiempo transcurrido. Aún así, con el tratamiento prescrito por la neuróloga voy haciendo una vida normal, dentro de mis muchas limitaciones.

Limitaciones que el Servicio Público de Salud no parece apreciar, pues solicité una valoración de incapacidad y me obsequiaron con un fantástico 13%. 

No obstante, cuando ya había perdido la esperanza de mejorar mi actual situación, un día por casualidad leí un artículo en Internet que se titulaba “El mal del ciclista”, y lo primero que me llamó la atención fue que la descripción de los síntomas era la clínica más parecida a la mía que había escuchado nunca. Fue cuando por primera vez oí hablar del síndrome del atrapamiento del nervio pudendo. Seguí leyendo el artículo con avidez hasta que descubrí que se había creado una Asociación para el Dolor Pélvico Crónico (ADOPEC). Les escribí inmediatamente para hacerme socio. Y aunque llevo un año asociado, hasta ahora no me había decidido aún a escribir mi testimonio. Hoy he decidido hacerlo y compartirlo con vosotros y vosotras, con el deseo de que pueda servir de ayuda a cualquier persona que tenga en este momento o pueda tener en el futuro una patología de este tipo.

Y también con la expectativa de que alguien que haya pasado por una experiencia similar a la mía pueda indicarme algún especialista en la materia que pudiese haber tratado patologías similares a la mía. Porque aún a día de hoy sigo teniendo el diagnóstico de dolor neuropático crónico, pero no el de atrapamiento del pudendo o cualquier otro diagnóstico más específico.

Por ello, si alguien puede facilitarme alguna referencia de garantías, le estaré eternamente agradecido. Un afectuoso saludo.