Hola, mi nombre es Jorge, tengo 47 años y hace ya 10 años que tengo que lidiar con esta

dichosa enfermedad, síndrome, dolor pélvico crónico, prostatitis crónica, atrapamiento del

nervio pudendo o llamadle como más os convenga según vuestra propia situación o

diagnóstico. Soy miembro de la asociación de ADOPEC, desde sus inicios, bien hace poco, pero

la verdad es que se han conseguido grandes avances en este poco tiempo para que los

afectados de todas estas dolencias pélvicas y sus síntomas sean conocidas por las instituciones

públicas y privadas, así como los médicos en general.

Quiero aportar mi granito de arena a la asociación incluyendo mi testimonio desde los inicios

de esta dolencia así que ahí va mi historia.

Todo comenzó un 22 de diciembre de 2005, si curioso, pero el gordo que me tocó, no fue el de

la lotería precisamente…. Fue otro bien distinto que sigue en su empeño en hacer mi vida un

poco más complicada si cabe.

Me levanté por la mañana como cada día ese 22 de diciembre, y como es habitual fui a hacer

mis necesidades…. Enseguida me di cuenta que algo no iba bien, pues un leve escozor me

sorprendió nada más iniciar la micción, molestia que se prolongó a lo largo del día.

No le di mucha importancia, así que continué como si nada, – ya se pasará, pensaba-, pero

aquello continuó, incluso incrementándose las molestias.

Al final decidí ir al médico de cabecera, y éste muy amablemente me dijo que sería una

pequeña infección o irritación por los excesos navideños, así que se limitó a darme unas

pastillitas que solucionarían el problema.

Tomé las pastillitas, y nada, aquello estaba igual o peor, así que en mi segunda visita médica

me pidió unos análisis que salieron negativos de todo, visto esto, me recomendó que visitara al

especialista, en este caso el urólogo.

Fui al urólogo y después de una semana, el dolor se intensificaba, ahora incluso sentía un ardor

en la punta del pene – los hombres que padezcan de esto sabrán lo que digo – un dolor que se

acentuaba al caminar, al orinar, al roce con la ropa interior, al tener relaciones sexuales, etc…

Volvieron a repetir los análisis y todo volvió a salir bien, y me dieron otra tanda de pastillitas

que según me dijo el urólogo, aquello lo mataba todo, por si acaso hubiese algo que no saliera

en los análisis. Tomé el tratamiento tres semanas más, y nada aquello no lograba solucionar mi

malestar, yo logré sobrevivir al tratamiento, pero aquello que provocaba el dichoso dolor

también, es muy resistente el puñetero.

Al final tomé una decisión radical, pues ya habían pasado 4 meses y estaba igual, así que saqué

mis ahorros y me dije – pues me voy al mejor centro de urología de Barcelona, pues seguro

que ahí encontraran la solución a éste dolor.

Así que me fui en abril a la fundación con más experiencia de Barcelona en temas de urología

allí me hicieron todo tipo de pruebas y análisis, según el urólogo todo lo que se podía hacer, y

me citaron para la segunda visita para darme el resultado de las pruebas

Estaba seguro que esta vez sí podrían decirme que era lo que me provocaba aquel insufrible

dolor en mis partes nobles.

Entre en la consulta y el doctor me ofreció asiento, mientras miraba con detenimiento mis

análisis, una sensación de incredulidad y asombro se dibujaba en su rostro, como si no supiese

que pensar o que decir sobre lo que estaba viendo en los análisis tan completos que me había

mandado realizar, tras todas sus exploraciones y masajes, para que no hubiese duda de la

procedencia de mis dolencias. Esos segundos se me hicieron eternos, hasta que finalmente me

dio las pruebas y me dijo:

Toma, no sé lo que tienes, lo único que puedo asegurarte es que no es ninguna infección.

Esas palabras cayeron en mí como una jarra de agua fría – cómo – Le dije sorprendido- y él me

volvió a contestar… ES uno de esos casos complicados, la próstata es aún bastante

desconocida para la mayoría de los médicos, en cuanto a este tipo de enfermedades, puedo

derivarte al andrólogo a ver si puede hacer algo por ti. En mi caso no me pudieron

diagnosticar, pero sí se dé casos que les han diagnosticado algún tipo de infección que luego

no remite con la medicación

Después de esto me desmoralicé bastante, ya no sabía que hacer así que fui deambulando de

un especialista a otro buscando un milagro

El siguiente en atenderme fue otro urólogo, éste quiso ir más allá, y me propuso hacerme una

uroflujometría, consiste en introducir un catéter por la uretra para saber el grado de

obstrucción que pueda haber en la uretra, así como la fuerza con la cual sale la micción.

No puedo describir con palabras, el terrible dolor que sentí al hacerme ésta prueba, casi me

desmayo del dolor, era como si me introdujeran un palo al rojo vivo y fuese quemándolo todo

a su paso, ese mismo día ya al llegar a casa era imposible orinar, por el dolor que tenía, así que

decidí ir a urgencias a que me dieran algo que me aliviara, allí me atendieron y me pincharon, y

la verdad es que me fue muy bien, el dolor desapareció y pude orinar con normalidad.

Después de esto, no quise que me volvieran a hurgar, en mis entrañas genitales, así que decidí

buscar otros especialistas por si la causa del dolor era otra, esta ocasión me decanté por un

dermatólogo.

Así que ya me veis, otra vez a un nuevo especialista con la ilusión que esta vez me dirían algo

nuevo que no sabía. El doctor me inspeccionó y una vez acabado me dijo, lo que menos me

esperaba, y la verdad me sorprendió, sus palabras fueron estas:

NO TIENES NADA, TODO ESTA EN TU CABEZA Y HASTA QUE NO TE LO QUITES DE LA CABEZA

NO SE IRA

Me quedé sin palabras, no sabía si pensar que era un sabio de la medicina o un ignorante, que

me dijo lo primero que se le pasó por la cabeza, así que me lo tomé en serio, y pensé…. A ver si

es algo que me he provocado yo mismo, por algún motivo. La verdad es que todo me empezó

después de una mala experiencia emocional, con una chica, así que podría tener algo de razón,

o no?

Esta vez me decanté por otro tipo de terapias, así que busqué especialistas de terapias

alternativas y probé con la hipnosis clínica

Le comenté mi problema al terapeuta y la causa psicológica que creía que lo había provocado,

y así empezaron las sesiones…. Creo en éste tipo de terapias, pues yo había estudiado alguna

de éstas y sabía que para ciertas cosas funcionaban bien.

Fui a varias sesiones con éste especialista, pero la verdad, lo único que saqué en claro es que

por muchas cosas que me hacía no había manera, talvez estaba inmunizado ya hasta con la

hipnosis, aunque he de decir que en mi caso, como yo fui estudiante de hipnosis y conocía los

pasos y las sugestiones a las que el terapeuta te lleva para entrar en estado hipnótico, pues a

mí como que no me sirvió de nada, pues nunca conseguí en entrar en un estado de hipnosis

profunda, puede que a otras personas les vaya bien.

El siguiente paso fue el osteópata, este fue más corto, me hizo unas cuantas manipulaciones y

después de un par de sesiones me dijo que no podía hacer nada, al menos en mi caso, ojo, no

quiero decir que a todo el mundo le vaya a ir mal, pues cada persona somos un mundo, y a lo

que a unos les va bien a otros no.

Después de esto me quedé con el diagnóstico que me dio el urólogo de cabecera, prostatitis

crónica inespecífica, un diagnóstico raro, si por entonces en todas las ecografías y pruebas no

salía nada que indicase que la próstata estuviese inflamada, pero era lo único que me dijeron,

así que me quedé con ese diagnóstico.

Pasaron dos años y llegó un momento en el cual, empecé a plantearme si merecía vivir en

aquella situación, soportando dolores, el trabajo, pagos, etc… Así que tomé la decisión de

suicidarme, si, lo digo sin palabras mayores, pues para mí pensar en aquello, no era un

pensamiento drástico, sino más bien una forma de poner fin a una situación, que me

atormentaba día a día.

Así un día en el que ya no podía más con mis fuerzas y mi voluntad que ya no era mía, sino de

mi propio dolor, tomé la decisión….

No voy a dar detalles, solo diré que tuvieron que llevarme a urgencias, y estuve allí toda la

noche y el día siguiente, de ahí me enviaron al psiquiatra para que me valorara, y me diera

tratamiento.

El psiquiatra valoró mi estado, y me recetó unas pastillas, que me dijo me ayudarían a llevar

mejor mi estado de ánimo.

Tomé la medicación que me dijo el psiquiatra, y a las 3 semanas empecé a notar una mejoría,

no sólo en mi ánimo sino también en mis dolores, sobre todo aquel dolor quemante que tanto

me hacía padecer.

A partir de ese momento empecé a investigar por internet y a ver, que tenía que ver ese tipo

de pastillas con mi enfermedad, si es que era algo psicológico o había algo más

Descubrí que una de las pastillas que me dieron eran relajantes musculares, entre otras cosas,

y las otras se ocupaban del nivel de serotonina que digamos ayuda a controlar el dolor de

alguna forma.

Así fue como descubrí que tenía que haber algo más, así que fui mirando e investigando hasta

que encontré algo sorprendente y que nunca había oído.

NERVIO PUDENDO

Así que fui al médico de cabecera le expliqué el tema, incluso le llevé un dosier donde se

explicaba lo del nervio pudendo, posibles causas y tratamientos posibles.

En ese momento mi médico de cabecera que siempre me decía que lo que yo tenía era muy

raro, empezó a interesarse más por mi problema y me dio otra tanda de pastillas que se usan

para dolores de tipo neuropático. La verdad es que con aquellas pastillas mejoraba, pero cada

vez las dosis tenían que ser mayores, y eso me provocaba una fuerte somnolencia,

incompatible con mi trabajo, así que al final decidí dejar ese tratamiento y continuar

únicamente con el que ya llevaba, pero a cambio tuve que modificar algunos hábitos de vida

para no empeorar la situación.

Después de esto me fui a pedir una electromiografía de los nervios pudendos, y para mi

sorpresa dio positiva, no como atrapamiento en sí, pero sí que la rama del pudendo salía

afectada en la prueba que me hicieron, en el hospital. Ahora al menos tenía algo sobre el papel

en el que se decía que había algo más que la próstata que estaba influyendo en mi dolor.

Una vez me dijeron esto, dejé de tomar alimentos que pudieran afectar al nervio o la próstata,

pues unos años después unos 6 años me dijeron que tenía la próstata algo inflamada, o un

poco mayor de lo habitual por mi edad, así que tuve que controlar irritantes, café, alcohol,

café, etc… y procurar no estar mucho tiempo sentado, o utilizar un cojín ortopédico para

aliviar la tensión de la zona. También me dediqué a hacer estiramientos para mejorar la zona

pélvica y perineal, y parece que va bien por el momento.

También lo compaginaba con alimentos que no me provocaran estreñimiento, pues esto es

otro motivo de dolor, así como relajarme los puntos gatillo de la zona anal, que gracias a la

ayuda de un amigo fisioterapeuta me ayudó a localizar y tratármelos yo mismo para aliviar la

tensión de la zona. Durante un tiempo también estuve yendo a una fisioterapeuta, pero en mi

caso con ella no veía muchos avances, y como me dolía también el bolsillo dejé de visitarla,

aunque insisto que lo mejor si se tienen medios económicos es ir a un fisioterapeuta que

entienda bien de todas estas dolencias, que por desgracia no hay muchos.

A largos rasgos esta es mi historia, actualmente, sigo igual, pero algo más esperanzado viendo

que al menos ahora este tema se está moviendo más y existe una mayor, sensibilidad por

parte de los médicos en preocuparse por nuestro dolor.

Al menos ahora ya no nos trataran de histéricos, pacientes psiquiátricos, o de oportunistas que

se inventan una enfermedad.

He de agradecer a la asociación ADOPEC, a su presidenta Jessica que sé que ha hecho mucho

trabajo y esfuerzo para que esta asociación sea una realidad, y a toda la junta de la asociación

por aportar su tiempo y conocimientos para que sigamos adelante.

Gracias a la asociación pude conocer también al Dr. Vicente, urólogo de la Sagrada Familia, que

entiende muy bien nuestro problema y al menos a mí me está llevando muy bien.

Espero que todos consigamos algún día deshacernos de esta pesada carga y podamos tener

una vida más plena y sin las limitaciones propias de nuestras patologías

Un saludo

Jorge