Neuralgias Pudendas (clitoridinia, dolor peneano y testicular, dolor anal)

Síndromes de dolor crónico neuropático escrotal, peneano y testicular


Las Neuralgias Pudendas, son una afectación neuropática que responde a un patrón fisiopatológico similar, sea cual sea el órgano, víscera o tejido que manifieste finalmente el síntoma doloroso. Frecuentemente la afectación nerviosa es consecuencia de un problema compresivo que genera cambios degenerativos en las neuronas sensitivas lo que desencadena diferentes dolores crónicos. Dependiendo del nervio comprometido o de la rama específica del mismo, diferente será el territorio que manifestará el dolor.

Con frecuencia es el nervio pudendo el afectado en su tronco principal (especialmente a su paso entre los ligamentos sacrociático y sacroespinoso o a través del conducto miofascial de Alcock) o alguna de sus ramas (posterior o anal, media o perineal y anterior o peneana). Su afectación, bien sea compresiva o simplemente como manifestación de una trasmisión patológica de la información dolorosa (neuralgia) se traduce en dolor anal, perineo-escrotal o peneano. Sin embargo hay otros nervios susceptibles de provocar dolores referidos al área genitourinaria del varón: iliohipogástrico, ilioinguinal y genitocrural.

Neuralgias pudendas

Dolor peneano y testicular

Se trata de dolores de características neuropáticas con sensación de ardor, parestesias o sensación de hormigueo referidos al área pubiana y piel de la zona peneana, escrotal y perineal. Habitualmente estos dolores son consecuencia de atrapamiento en áreas cicatriciales (generalmente tras cirugías abdominales o inguinales) pero también pueden ser provocados por otras patologías como las polineuropatías, neuropatía diabética, por quimioterapia o tras una infección por el virus del herpes zoster.

La cirugía de corrección de las hernias inguinales o las vasectomías pueden provocar atrapamiento o compromiso de los nervios sensitivos que inervan el epidídimo y el testículo provocando una neuropatía por atrapamiento o por generación de cicatrices neurales patológicas (neuromas). Del mismo modo, es posible una neuralgia no compresiva como consecuencia de infecciones (tuberculosis genitourinaria, infecciones crónicas bacterianas, virales o fúngicas), trastornos isquémicos crónicos o en el contexto de otras neuropatías generalizadas cuando no de origen desconocido (idiopático). Sin embargo existe una neuralgia provocada por una respuesta de los nervios del sistema nervioso vegetativo simpático como respuesta generalmente a un problema doloroso en alguna víscera. Esta manifestación forma parte de los denominados síndromes de dolor regional complejo (tipo 1 si no existe lesión nerviosa y tipo 2 si la hay).

Esta manifestación simpática provoca además de dolor, cambios en el territorio implicado en forma de edema (hinchazón), eritema (enrojecimiento), atrofia, exudación o sudoración. La sensación de inflamación y edema en el glande y el orificio uretral hace pensar falsamente en una infección, particularmente una enfermedad de trasmisión sexual que es reiteradamente perseguida sin éxito motivando innumerables tratamientos antibióticos, corticoides etc. cuya ineficacia genera frustración, incertidumbre, ansiedad y desconfianza.

La afectación epididimaria y testicular es otra de las manifestaciones de dolor de origen vegetativo. Este tipo de dolores persistentes e incapacitantes en ocasiones hacen pensar también en infecciones o tumores no diagnosticados. La respuesta a analgésicos convencionales, antiinflamatorios y antibióticos es muy pobre. El tratamiento de estas neuropatías no difiere del tratamiento de cualquier otro dolor neuropático: neuromoduladores farmacológicos (antidepresivos tricíclicos, antiepilépticos), analgésicos mórficos, bloqueos nerviosos e infiltración de cicatrices con anestésicos y corticoides, neuromodulación eléctrica y cirugía de liberación de nervios.

Es tarea del médico realizar las exploraciones pertinentes de cara a descartar patología potencialmente causante, identificar el nervio afecto y valorar la secuencia terapéutica más adecuada.

Dr. Eduardo Vicente Palacio