Y UN DÍA SIN ESPERARLO, LLEGÓ ÉL Y DECIDIÓ QUEDARSE CONMIGO…

Hola, mi nombre es David, tengo 53 años y soy de Elche.

Animado por otros miembros de ADOPEC, intentaré hacer un resumen de mi experiencia con “eso” que se ha introducido en mi vida y en la de mi familia, sin pedir permiso y de forma traicionera, y que desde hace 5 años ya forma parte de todo lo que me rodea, condicionando totalmente mi forma de vida (y por supuesto la de todos aquellos que me rodean) y sin tener muy claro si algún día podré despedirme de él, aunque sea parcialmente. Sí estoy hablando de “él” el dolor pélvico crónico (DPC).

No quiero ser muy pesado y voy a intentar resumir brevemente mi experiencia, que imagino que será muy similar a lo que otras personas afectadas por el Dolor Pélvico Crónico han vivido o están viviendo en estos momentos.

Mi problema empezó tras una intervención quirúrgica de Hiperplasia Benigna de Próstata (HBP) cuando tenía 48 años, un tipo de intervención “estándar” de las que se realizan cientos diariamente entre todos los hospitales de España y que normalmente no suele tener mayores complicaciones.

Tras un mes aproximadamente desde la intervención, y todavía convaleciente de la misma, empecé a notar dolor en la zona perineal, un dolor que se acentuaba cuando estaba sentado y disminuía al estar acostado.

Como es normal, en primer lugar acudí a la consulta de urología, recetándome toda clase de antiinflamatorios y antibióticos durante más de tres meses sin resultados positivos. Seguidamente decidí pedir una segunda opinión con otro urólogo (esta vez por privado), que me volvió a tratar con otro tipo de antibióticos mucho más potentes pensando que se trataba de una infección, a pesar de que todas las analíticas salían negativas. Posteriormente este mismo urólogo, me desvió hacia otro hospital para que me hicieran un tratamiento que me lo “iba a solucionar todo”, este tratamiento se basaba en una serie de infiltraciones semanales a través de una sonda uretral para que la medicación llegara directamente a la vejiga; este tratamiento duró tres meses y como en los anteriores, igualmente sin resultados. Una vez finalizado este tratamiento, me realizaron una citoscopia (experiencia que no le deseo a nadie) y tras comprobar los resultados, ya fue la segunda vez que oí la frase “está todo bien, no podemos hacer nada más”, y te dejan así, como si el problema del dolor fuese inventado o que solo estaba en mi imaginación, y poco más que casi desahuciándote y quitándote todas las esperanzas de poner fin a ese dolor que por aquel entonces ya duraba casi 8 meses, meses que por supuesto estuve de baja laboral y ya veía peligrar mi puesto de trabajo.

Posteriormente y tras pedir el alta médica voluntaria a pesar de no encontrarme en buenas condiciones para ejercer mi trabajo habitual, no me di por vencido y empecé a buscar por internet todo lo que tenía que ver con mis síntomas, hasta que encontré una clínica privada en Madrid especializada en dolor pélvico crónico.

Tras tomar cita con esta clínica y después de la exploración inicial, fue la primera ocasión tras nueve meses, en la que me dieron un diagnóstico más o menos acertado de cual era mi problema “Hipertonía de los músculos del suelo pélvico, fundamentalmente el elevador del ano y esfínter anal externo”, “Síndrome del elevador del ano en grado leve moderado” y “Síndrome de los Oblicuos Abdominales”.

En aquel momento, aquello para mí me sonaba a chino, pero al menos no me dijeron que “estaba todo bien” y que efectivamente había “algo” que estaba provocando aquel dolor perineal.

Seguidamente me realizaron una prueba específica para descartar que fuese problema del nervio pudendo, quedando esta opción descartada.

Tras esto empecé con infiltraciones a base de lidocaína en la zona perineal, seguidas de fisioterapia intracavitaria. Esto lo estuve haciendo durante cerca de nueve meses (Trasladándome desde Elche hasta Madrid, al principio cada semana y posteriormente cada 15 días, y todo por supuesto con cargo a mis ahorros).

Con este tratamiento, la verdad es que noté una mejoría considerable, hasta que un buen día aparecieron unas hemorroides acompañadas de una fisura anal, que me provocaron un retroceso tal que prácticamente volví a estar como al principio.

Tras solucionar en parte el problema de las hemorroides (me realizaron un “Banding hemorroidal”), volvimos con el tratamiento de infiltraciones y fisioterapia, pero en esta ocasión la evolución era nula, por lo que dos meses después me plantean probar ya como única alternativa el infiltrarme con Botox, pero sin garantizar resultados y con unas posibles complicaciones posteriores que me hicieron desistir de seguir por esta vía.

Casi al mismo tiempo de esto, coincide que habilitan en el mismo hospital de Elche en que me intervinieron una unidad de fisioterapia pélvica, por lo que me derivan hacia ese servicio, en el cual estuve realizando sesiones de fisioterapia intracavitaria durante tres meses más, igualmente sin resultados, incluso se me complicó más el problema ya que se me volvió a abrir la fisura anal, provocándome mayor dolor si cabe.

Tras esto, me derivan a la Unidad del Dolor de este mismo hospital (a cargo de la Seguridad Social) y me realizan una infiltración del Ganglio Impar “para probar”. Resultado: me quedé peor de lo que estaba. Además de eso, el dolor además de en la zona perineal empieza a irradiarse también hacia la zona del coxis y la pierna izquierda, aumentando en general el dolor que sentía hasta el momento.

Tras esto, me recetaron diferentes tratamientos farmacológicos a base de opiáceos, que lo único que conseguían era que fuese todo el día como un zombi, pero el dolor seguía con la misma intensidad.

Después de esto y de estar una breve temporada sin hacer nada, seguí buscando otras alternativas de tratamiento, encontrando en esta ocasión otra clínica privada en Valencia que optó por un tratamiento a base de bloqueos nerviosos mediante radiofrecuencia de Raíces Sacras. Tras pasar cuatro veces más por el quirófano, el resultado fue que lo máximo que estuve medio bien, duró una semana y de nuevo volver a oír la frase de “Ya hemos hecho todo lo que podíamos hacer” y me plantean como alternativa la implantación de un Neuroestimulador, cosa a la que me negué, puesto que tampoco ofrecía garantías y además los efectos secundarios y complicaciones posteriores son bastante impredecibles, más cuando mi problema no parece ser de tipo neuropático, sino muscular.

A continuación (en este momento ya llevaba 4 años probando cosas), y siempre sin perder la esperanza de encontrar una solución al problema, seguí buscando y coincidió que en mi ciudad (Elche), abrieron una Unidad del Dolor privada. De nuevo acudo a otro especialista y en esta ocasión optamos ya por quemar uno de los últimos cartuchos: Infiltración de Botox y posteriormente fisioterapia.

De nuevo, los resultados los mismos, sin efectos positivos.

Coincidiendo con esto y puesto que seguía con el problema de la fisura anal que me complicaba todo muchísimo más con el consiguiente aumento de dolor, encontré una clínica privada en Murcia que me ofrecieron una solución tanto para la fisura anal como para las hemorroides que todavía quedaban, con un método sin cirugía, totalmente ambulatorio y efectivo al 100%. En esta ocasión, puedo decir que sí que valió la pena y al menos este problema de momento está resuelto.

Unos meses después de la infiltración con Botox, me llaman de la Unidad del Dolor de la Seguridad Social (tras más de un año esperando cita), “Para ver como estaba” y me plantean hacer una prueba de “Bloqueo de Nervio Periférico”, sin darme tiempo siquiera a pensármelo, al día siguiente de esta visita (el 1 de Diciembre de 2016), me realizan esta infiltración de prueba y por primera vez, noto una pequeña mejoría de alivio del dolor en la zona del coxis, pero siguiendo igual en la zona perineal; en cualquier caso, mejoría, pero al ser una infiltración de prueba, los efectos me duraron unas 3 ó 4 semanas.

Tras esto me llaman a revisión a mediados de Febrero de este año y me citan para realizar la misma infiltración pero por Radiofrecuencia para que los efectos sean más duraderos, y a finales ya del mes de Julio, todavía estoy en lista de espera y sin saber nadie para cuando me realizarán esta nueva infiltración, que en cualquier caso, ya me avisaron que no garantizan resultados.

Mientras tanto, y sin perder la esperanza de encontrar una mejoría, por recomendación de otros socios de ADOPEC, he acudido al ISP de Murcia y espero empezar a realizar fisioterapia de nuevo a partir de Septiembre, siempre sin garantías de obtener resultados positivos, pero al menos volver a intentarlo.

Sé que mi caso, dentro de lo que cabe y por las experiencias leídas de otros afectados, no es de los más graves, puesto que afortunadamente, aunque con limitaciones de momento puedo seguir ejerciendo mi trabajo habitual y ello me sirve también para “desconectar” por algunas horas, aunque el dolor sigue ahí, recordándome continuamente que entró en mi vida como un parásito cualquiera y no quiere irse. Pero sigo sin perder la esperanza y espero que algún día y con la ayuda inestimable de otras personas que también lo están pasando mal o muy mal, podamos intercambiar experiencias y ayudarnos entre todos a encontrar una solución definitiva.

Ánimo para todos y no nos rendiremos nunca.

Saludos desde Elche para todo el mundo.